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Historia de una cámara

28/09/10 by Juan Pablo Mejía

Un codazo en el pecho. Es un juego de fútbol, no se queje hombre. Jugaban fútbol en la cancha del Hospital Geriátrico San Isidro, ubicado entre la vereda La Linda y Manizales. ¿Cómo llegaban hasta allá? Los que tenían carro iban recogiendo gente en el camino, generalmente a través de la avenida Santander. Era muy simple: no había fuera de lugar y todas las manos eran voluntarias, con eso se ahorraban el árbitro. Jugaban profesionales retirados (o al borde de) y recreativos (de los buenos).

El pecho le dolía mucho, y ya había pasado una semana, era otro dolor. El dolor tiene muchas caras, y ésta era distinta a la inicial. Infarto. Edilberto “Chispas”Cárdenas estaba infartado. El electrocardiograma y los síntomas así lo demostraban. No podía volver a jugar fútbol, nunca más. Es difícil dejar de hacer las cosas que a uno le gustan, y dejar el fútbol no estaba entre sus planes.


Pasaron varios años, uno de esos volvió donde el mismo médico, el mismo con el que jugaba fútbol. Entró al consultorio para descubrir que el Doctor Mejía coleccionaba cámaras, casi todas regalos de pacientes. No dijo nada, se limitó a escuchar el diagnóstico. El corazón no le estaba marchando bien. Después de los exámenes volvió con los resultados, y una cámara en mano. La tenía guardada hacía bastante tiempo, sin uso, es que era bastante simplona. La había comprado cuando era futbolista profesional, ahora hacía parte de una caja con objetos viejos. La dejó, quedaría bien en el estante con las demás.

No volvería a visitar al médico, por lo menos no a éste, y seguiría jugando fútbol. Unos años después el médico se enteraría de la muerte de Edilberto “Chispas”Cárdenas: infarto en cancha de fútbol. La cámara seguiría en el estante, esperando a que alguien se interesara en su simpleza, no había afán.